Primero que todo, cometí un error tras otro durante estos últimos 5 días.
Y no es que metí la pata un par de veces, o que cometí alguno que otro error inocente.
NO. Cometí errores que muchos considerarían cruciales, imperdonables.
No es tan feo equivocarse.
Después de abordar más de 10 mujeres en la peatonal de Santa Fe, y de solo lograr un número de teléfono, me transformé: Fuí totalmente necesitado mientras hablaba con una mujer (la última de esa mañana).
Le pedí una y otra vez que me diera una oportunidad, que no se vaya con las amigas porque ella realmente me gustaba, que estaría bueno que nos encontremos en otro lugar "para conocernos mejor y poder besarnos en una plaza, bajo la sombra de un árbol grande" (cito textualmente algunas de mis palabras), para invitarla con algo que le guste tanto que me lo pida una y otra vez.
Pero cuando le pedí que me diera su número de celular para yo llamarla y ver si ELLA quería salir conmigo alguna vez, pasó algo totalmente maravilloso, algo que probablemente no hubiera pasado si hubiera interactuado con ella de forma diferente.
"Me encantaría. Anotá y después pasame el tuyo" me dijo.
Y ahora que terminaron de leer esa frase, muchos dirán que no fue un "error" lo que yo hice, porque la mina a fin de cuentas accedió para salir conmigo.
Pero yo sigo insistiendo con que fue un error porque, si bien funcionó con una mujer, es poco probable que funcione con muchas mujeres, ya que todas son diferentes y únicas, a todas les gustan hombres diferentes, comidas diferentes, que las besen diferente, que les hables y les digan cosas diferentes y de diferente manera.
Y se dio la casualidad de que a esta mina en particular, le encantaba el romanticismo y la ganas que yo ponía para poder ser más cercano a ella. Pero, esta tarde cuando salimos, me dijo algo muy loco después de preguntarle sobre mi forma de acercarme a ella el martes:
"Me gustó como me decías las cosas, porque eras seguro y tímido a la vez. Si me hubieras hablado diferente, seguía caminando"
O sea, lo que quiso decir (o lo que yo quiero creer que dijo) es que, sino hubiera estado tan compenetrado con la idea de que si yo me acercaba a hablarle de una forma totalmente necesitada de su compañía y del placer de ella, ella nunca hubiera accedido a darme su teléfono.
Fuí tan congruente y estaba tan confiado y cómodo con lo que le decía y con lo que quería ser y lograr en la interacción, que ella logró captar eso, y se dió cuenta casi enseguida de lo poderosa que era mi actitud.
Yo no le decía "me gustaría llevarte a tomar algo para que disfrutes".
Yo le decía "Esta semana te llevo a tomar algo y a hacer lo que más te guste para que difrutes una tarde como ninguna en tu vida antes de mí".
Transmitirle mi necesidad con tanta fuerza y seguridad fue lo que logró que mi tarde de hoy fuera algo poco común.
Y últimamente me están gustando demasiado las cosas fuera de lo común.
Un Abrazo...
